El programa indicaba que nos quedaríamos sólo una noche en el Music ya que la Aerolínea nos había modificado el vuelo semanas antes y debimos volar un día antes de lo previsto, al día siguiente pasaríamos al Pop Century (nuestra elección original) por el resto de la estadía.
El check in fue tranquilo pero la habitación asignada era la más lejana que podía tocarnos. Mis cálculos y mis recuerdos imaginan no menos de medio kilómetro entre la habitación y el lobby, mis sentidos no estaban a pleno pero creo que por ahí andaba.
Absolutamente arrepentido a esa altura de haber decidido viajar a Disney, con las nenas sin parar de llorar (100% para ese instante) y Juana con fiebre leve pero fiebre al fin. Me recosté 5 minutos en una de las camas para que Marina me diera la buena noticia de que la ducha no andaba.
Llamamos al Front Desk y dijeron que pronto enviarían a alguien para arreglarlo.
Eran épocas donde era fundamental ahorrar cada dólar al viajar y el auto lo habíamos alquilado por un solo día a la ida y otros 2 días a la vuelta.
Entonces, necesitaba cumplir con la programación de compras de ese único día con auto al inicio: cámara de filmar, provisiones en Wal Mart, cochecito económico (llevamos uno, necesitábamos otro), dos celulares (no existía Whatsapp ni Disney tenía Wi-Fi en el resort) y GPS para la vuelta. El Outlet lo visitaríamos al final con el auto de los últimos 2 días.
Alienado como estaba y careciendo de ducha para bañarme le dije a Marina –sin dejar margen para el debate- que me iba solo a hacer esas compras. Así lo hice y las cosas parecieron mejorar: el silencio y la ausencia de coro de lágrimas a mi espalda me permitió relajarme y visitar sin prisa pero sin pausa Best Buy y Walmart para comprar los electrónicos, dos celulares, las provisiones y el cochecito.
Cumplida mi misión, contento volví al hotel algo menos de tres horas después.
Marina no la pasó igual de bien durante esas casi tres largas ya que imaginó un grave accidente de mi parte dado lo que había demorado, el estado en que había salido, la falta de conocimiento del terreno y buen temperamento que había demostrado en el viaje desde Miami.
Juana había vuelto a levantar temperatura y mi pequeño recreo mental había llegado a su fin –en ese momento pensé que para siempre-, llamamos al médico de la Asistencia al Viajero e intentamos varias veces comunicarnos a Argentina para avisar a la familia que habíamos llegado bien desde la habitación. No lo logramos hacerlo fácilmente debiendo dejar mensajes, llamar a celulares y tíos para que avisen de nuestra llegada sana y salva. Al menos la física.
Ya de noche, un médico de 2 metros de altura y tez bien morena tocó la puerta de la habitación despertó a una dormidísima Juana para revisarla, la nena se asustó primero pero el gigantón resultó ser muy dulce con ella y logró tranquilizarla aún sin hablar una palabra de español. Le recetó algún remedio que ya no recuerdo y nos tranquilizó sobre su evolución.
Esa noche fui con Juana en el cochecito recién comprado hasta el Gift Shop del hotel a comprar el remedio y le compré también un par de regalitos Disney, incluida una remera de su ídola por aquel tiempo: Minnie, para compensarla en algo por semejante tortura a la que la habíamos expuesto. Lola ya dormía sin parar luego de haber batido su propio record de llanto durante las 36 horas previas.
Todos caímos rendidos a la espera que la sensación de arrepentimiento se fuera al día siguiente cuando el descanso hiciese su trabajo y debutáramos en Animal Kingdom.
Al despertarme, antes de partir hacia el parque fui a hacer el Check Out en el Music, caminé el medio kilómetro desde la habitación hasta el Front Desk y me encontré con que ese segundo día no iba a empezar mejor que como había terminado el anterior: las múltiples llamadas a Argentina redundaron en una cuenta que de la nada pasó a los casi 200U$S en telefonía solamente.
Ya sin ningún tipo de ánimo y casi por compromiso llegamos los cuatro a Animal Kingdom, del lado positivo, las nenas habían descansado, Juana estaba sin fiebre con su nueva remera de Minnie puesta y Lola no había llorado más allá de un 5% del tiempo matinal.
Ingresamos al parque y fuimos a Camp Minnie-Mickey (hoy ya no existe ese sector temático, fue eliminado para dar lugar a Pandora: The World of Avatar).
Los personajes estaban en sus tiendas y en contra de toda planificación previa elegimos, para darle el gusto a Juana, visitar a Minnie con atuendo de safari. Elección totalmente alejada de cualquier estrategia de recorrido razonable…